lunes, 15 de enero de 2018

Ricardo Ruiz




(de Huesos de otros vientos)

en este día
tirando piedras
contra el silencio
dejando
en signo
un ala
del corazón
entre las sombras
¿ha otra luz?


mira
sus pies
volar
y no espera
de voz
alguna
mirada
que vigile su caída
del vacío al vacío
solo un cuerpo
el eco de un amor
colgado
en propia sombra
o raíz del sueño

¿rota la cabeza de pensar
sin poder verse?
¿a jornal de nuestra pena
darse de comer¿
¿cuidar de nos?

así
solo
sin poder verse
en su caída
mira su cuerpo
volar
del eco de su voz
al vacío del sueño
de su amor
raíz de nos
darse de comer
su sombra
en propia pena
cuelga del vacío
sus pies
y no espera



 Bio: (Buenos Aires, 1953)

Ha publicado los libros: Racimo (1980),Poemas (1982), otros gallos cantan (1989), tristes ruidos furias (1990) y Huesos de otros vientos (2015).

jueves, 28 de septiembre de 2017

Carolina Kibudi





Tránsito


Siempre existe el riesgo.
¿Qué es,
entonces,
lo hermoso
entre tantas murallas que se alzan?

Vamos como en naves
en vidriadas barcarolas
avanzando sobre aguas
de un asfalto desigual.

El tiempo
se deshace lento.
Lo eterno
se construye en lo fugaz.

Cuando caigan
de tus manos caracoles,
un espacio

se convertirá en lugar.







Andar


Va
mi pensamiento
por caminos
pedregosos
donde sólo hay
estatuas cansadas
de ser estatuas.

Si despedir
es ya no pedir:
¿qué es la esperanza?
¿Dónde queda el vestigio
del contacto con las cosas,
del gesto de una mano
en el aire?

Lo que escribo
nace un día
y queda abierto
para siempre.

Hoy
todo en mis pasos
es pregunta,
pero ahora voy lento
mirando a las estatuas
a los ojos.
Ellas toman
de mi mirada
lo que dejo,
lo deshacen
entre las hojas caídas
del otoño.

Lo desarman
para entender.
Necesitan hacerlo:
desarmar,
digo,
entender.

Esta es la hora
más linda:
la de la vejez del día,
la del fondo de las cosas.

Los locos
son puertas
hacia
lo no contemplado.

En ese sentido
son,
también,
una esperanza.


Hay un nido
de pájaros
en la casa
donde alguna vez
hubo abierta
una ventana.

Ahora
sólo el tiempo
se detiene
a verla.

La ausencia ocupa
un lugar en el aire,
la ausencia
de ventana abierta.

Pero hay
un nido de pájaros.

En ese sentido
es,
también,
una esperanza.





Punto de partida


Habilitar el cuerpo.
Sentir la levedad en el agua.
Habitar una casa.

Visitar los lugares que nos vieron crecer
donde las horas eran cortas
o largas
o el tiempo era
una vuelta manzana en bicicleta.

Todo se revela en los sueños,
todo lo que durante la vigilia
permanece oculto.

La ciudad guarda tesoros sumergidos.

Existen calles azules,
y calles naranjas,
calles elegidas diariamente por el sol.

Nacemos atravesados por el tiempo.
Ocupamos un lugar,
desde antes de nacer.

El recordar es un acto creativo.

De la palabra siempre,
sólo puedo decir
el calor de unas manos.

Los puentes nombran la distancia,
la hacen visible.
Detenerse puede ser tan necesario,
como ir corriendo a ver el mar.
Explicar cansa.

El cuerpo crea el espacio
en el que una palabra
es
entre todas las palabras.

Nada hay más triste
que una ventana clausurada.
Ni nada más hermoso
que la verdad de la piel al tacto.
Sin embargo,
hay una infinidad de cosas
salvajemente tristes y hermosas.

Perdemos el tiempo
intentando no perder el tiempo.

Ella subió al colectivo y dijo:
"hasta el fin del recorrido".

Y esa fue belleza suficiente.


Bio: (Buenos Aires, 1982)
Desde edad temprana la poesía y la música fueron para ella un medio de expresión y un espacio de placer donde poder jugar libremente tanto con la belleza del lenguaje como con los sonidos de cada instrumento que fue explorando.
Estudió música y ejerció como docente durante algunos años.
Actualmente se encuentra cursando la carrera de Psicología en la Universidad de Buenos Aires.
Lumbre es su primer libro publicado.



sábado, 5 de agosto de 2017

Pablo Seguí




Navegación solar 


A pesar de que nadie funge ya de censor
y de que las palabras, alguna vez heridas
por el morbo, regresan liviana, mansamente
a su seno; a pesar de que en la noche absorta
pueda hablar sin temer que cruja el corazón;
o tal vez justamente porque ahora dispongo
de dulce libertad y un horizonte abierto,
es que callo y evito, vanidad que me hundía,
aquel ritmo salaz que medía desmanes.
Fiebres en que abjuré, desordenado, injusto,
del sentido, de la posible, rechazada
por años, sucesión de pasos en la ruta
del que ve que las cosas, más allá del probable
desatino, son sólo múltiples ocurrencias
del tiempo, y que las olas de ese río invencible
acomodan y pulen el lecho, las arenas,
y que es idiota, inútil querer otros destinos
para la roca, para la desembocadura.
Que en adelante sea lo mejor navegar
en busca de más sanas provisiones, y hacer
del día y de la luz un emblema que nutra
versos que deberían mirar con más frecuencia
ese grácil cardumen, esa playa, estos remos.




Babía 


Todo un día de libros.
Rueda la madrugada,
jadea. Te ausentaste
ya sin palabras en
la mente en la pared.
Perentorio durar,
definitivo. (Duerme
tu pareja.) Cegado,
tu impavidez registra
una espera de nadie,
un alma que se fue. 





Ahora que todo nos deslumbra 


Tiempo para mi madre.
Y los vasos se ensañan
en los manteles últimos.
Y ella ya no comprende
que comienzo a entreverla.
Muñeco de hilos dulces
que destripamos pronto.

   Tiempo para mi madre.
Acompañarla ahora
que todo nos deslumbra.
Conciso testimonio
el temblor de sus manos
de aljibe. Ya se aleja:
destrozada, menor. 





Vereda de mi hogar 
                                                                    

Yo tengo que colgar un ataúd
(el yo: los otros) de las flores, dichas
por los que ya no están (aún se escuchan)
porque pasaron y, a la vez, reír
o sonreír, quizá porque el renuevo,
esto es, la primavera ¡rotación!
hizo que de ramitas varias nuevas
hojitas (yemas, brotes) se formasen:
señal de actividad. "¡Cinco minutos!",
canta Marisa Monte: ¡la delicia
de ir viendo la pezuña (ése, su nombre)
de vaca cómo crece...! Se aminora
de nuevo la mirada: cuando riego
en la vereda. Hacerlo. Renacer.


Bio: Entre los 8 y los 17 años estudió violín, para luego volcarse hacia la poesía. Ha publicado tres libros: Los nombres de la amada (Alción, 1999), Claves y armaduras (Foja/Cero, 2005) y Naturaleza muerta (El Copista, 2011).
Desde hace varios años ya publica sus poemas en sucesivos blogs, entre los cuales figuran: El tren y la mujer que llena el cieloLa lección de pianoEl bakelitaPor el jornalCrocante de seco y el actual, Voces en La Babía. Los poemas que componen Otro verano y éste han sido seleccionados de algunos de dichos blogs. 































lunes, 17 de julio de 2017

Brian Alvarez




Intervención sobre una consigna de español para extranjeros

La página dice:
hoy os proponemos nuevas oraciones
para que evaluéis vuestro nivel.
Las oraciones son las siguientes:
1. La novela se ha vuelto más explosiva en estas últimas batallas.
2. Se leerá el discurso, al comienzo del acto, de espaldas a los periodistas de color.
3. El juez se conformó con la breve incitación del letrado.
4. ¿Cuál va a ser la mascota de estos Juegos Olímpicos? (sic)
5. ¿Cuándo fue su cumpleaños? (Ídem.)
6. A la vuelta del fin de semana, encontramos rota y vacía la pecera. (Una pena, pero: íbidem.)
7. Mi padre y el tuyo se encontraron minando el campo de fútbol.
8. La secretaria la informará perfectamente de los trámites de matriculación para el mono radiactivo.

LOS ESTIBADORES

Los estibadores acorralan el camión de harina
abrumados por el polvo y el sol de abril.

El verano es peor.

El más viejo ahora comanda el camión y anota
cruces en el mapa de las descargas:
depósitos, panaderías
y otros lugares comunes.

Los más jóvenes no tienen apodo
y a todo ritmo hombrean, exigidos de más
para ganarse esa condecoración interna.

Los sobrenombres de ahora
no son como los de antes.

La frase se repite.
La frase rebota entre el polvillo
dorado por la luz
contra la lona del acoplado.

Ellos siguen, mientras comen pan mangueado
y chupan otra cerveza por las calorías
tan conscientes como yo
de que más tarde afuera encontrarán
obstáculos que la fuerza no vence.

Mayo

Fui al chino. En la esquina
bailaba un pibe
al borde del termidor abandonado.
Los dedos alzados al sol.
Nunca vi a nadie rezarle al aire
como en las salas de terapia intensiva, pensé
viendo el tetra acostado contra la escarcha.
Como quien pide una moneda convencido
de que no van a dársela.
Mayo es el mes de las derrotas,
el mes más triste de la tierra.
Un Falcon despintado tocó al pasar
el aleluya. Creo
que para ahuyentar la niebla.

Momento de hablar de mí

Estoy atravesando
una crisis de identidad
el patio de la lírica ya no constituye
un aposento acorde a mis anécdotas
traté de ser
boxeador en un supermercado
(pero nadie prestaba atención)
corredor de agencias inmobiliarias
prologuista
fui padre por correspondencia
y planeé ser un poeta mexicano
que guiado
por los mitos nacionales
ha cruzado la frontera para triunfar
y después de meses de trabajo duro
se convierte en la nueva sensación de Guatemala
pero desistí. Tal vez sea
hora de conseguirme algo honesto.





El abuelo busca

La naturaleza en ocasiones resuelve
acomodar el desastre humano.

No vayas a esperar que un rayo caiga
en las oficinas centrales del hambre [corregir esto].
Para cuestiones así,
pico y pala. Mi abuelo me decía:
No sea holgazán. Si te caés al río,
no toda la culpa de tu muerte es del agua.

Hay gaviotas que comen desperdicios
en los basurales de Catán.
Desde la tumba de él puede verse
cómo se pechan en su alta cumbre
esta imagen de lo natural es bella
a una distancia inofensiva.

Uno sabe que llega al cementerio este
porque huele un perfume de cosas que se pudren
como desde una habitación cerrada.

¿Sospechaba mi abuelo que iría a terminar
en un paisaje con gaviotas
cuando removía la basura en el mercado
para encontrar su alimento?
¿Que el lugar es un extraño paraíso?
¿Que las cajas de vino que fue tirando
a lo largo del camino a la cirrosis
acabarían tan cerca de él?




Bio: Nació en 1991. Creció en Gregorio de Laferrère, en el partido de La Matanza (provincia de Buenos Aires). Ahora vive en Boedo. Trabaja como repositor en una cadena de supermercados. Puede hacerse pasar por músico, pero es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Eso también le sale mal.

lunes, 5 de junio de 2017

Lucas Peralta









2

¿Nada más que esto?
Habría que pensar en las palabras
cuando hayamos descubierto el recorrido de
instalación; el hueco; la huella en cuerda
(de)mostradora de motivos, y en el desprendimiento
del apacible correspondiente.
De bastón como herramienta revelada en tristezas y
ruegos de duermevela.
Estar en implacable convivencia, injusticia, y excluir
todo lo tenaz hacia las sílabas que rasguñan tanta
tardanza de ocurrir heridas a destajo.






17

Pasa la quejumbre y la palabra, así, raspa todo lo
dicho, como si nombrar fuera consecuente de
procesos o capítulos de vertientes que, como el agua,
junta los naipes.
Bajel constante que crispa el concilio
de voces en la integridad de un enunciado no neutral.
Admisión de todo despacho a modo de desbarajuste; salvarse a tres renglones del sintagma,
vivir constantemente en el lenguaje, en período como
viaje a la incertidumbre permanente;
sanear el despertar como préstamo preciso.

La imposibilidad de aquello que se enuncia, crea
márgenes de palabras como posición en el espacio.
El verbo es un lugar imprescindible, de despliegue
solaz y de lucha que junta márgenes atento a todo
reparo.

Significación.

Texto.

Volver a combinar las palabras y ponerlas de otro
modo.





18

Frente a la palabra del testigo, eludir el simbolismo
de lo ajeno.
Decirlo. Recorrido literal como azote.

Palabra como lenguaje de las piedras.





39

Miríada de escombros, pedazos de tanta cosa que
queda por ahí.
O solamente huellas, restos de momentos y lugares;
datos empíricos.

Por recodos de compases, desparramar ausencias
como semillas de toda soledad abatidas.
Inoíbles montañas de rezos se sumergen como
embriones de piedra.

Presa de la intemperie la penumbra del lenguaje;
restos, palabras sin significante.
O un rincón vacío que la lengua agrieta, o solamente
un vacío lleno de rostros.

¿De qué se ríe mi generación? ¿De qué se acuerda? ¿A
qué le está cantando?



Bio(Avellaneda, Pcia. de Buenos Aires, 1977. Publicó: “Raúl González Tuñón: Otras imágenes del verso, Reflejo e invención” (en colaboración con Leonardo Candiano) en Por Tuñón, CCC Ediciones, Buenos Aires, 2005; Boedo. Orígenes de una literatura militante. Historia del primer movimiento cultural de la izquierda argentina. CCC Ediciones, Buenos Aires, 2007; “La patria y la escritura. El compromiso artístico y la militancia política. Literatura política y realidad argentina. El caso Viñas”. En Imágenes, poéticas y voces en la literatura argentina: fundación e itinerarios. Del Centenario al Bicentenario. CCC Ediciones y Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2010; y “Reunión”: Elementos y procedimientos en el momento de contar la realidad. En Escenario móvil. Cuestiones de representación. Susana Cella (Directora). Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2012.


jueves, 13 de abril de 2017

Verónica Andrea Ruscio





XI


El prodigio secreto.
A la tarde, el sol cae
en silencio
en el cuadrado de mi ventana.
Es una moneda de cobre
que alguien arroja entre los techos de teja.
No hay fuente alguna,
la moneda no es mía.
Igualmente renuevo mis deseos.




XV


La sal oxida todo, fijate.
Lo mismo pasará con esos chicos
que acaban de conocerse.
Pasearán por la orilla a eso de las ocho,
ella tendrá frío,
él le pasará su buzo
y se darán un beso.


A la larga, la sal que se llevan encima
oxidará todo.


Bio: ( Buenos Aires, 1978) Es correctora literaria. Asesora a autores y coordina talleres de poesía.
En 2013, publicó Cuarto oscuro, su poemario debut. Marítimos es su segundo libro.